
El interés por la suerte de nuestras instituciones se destaca por la forma como estas se organizan: si más o menos trabajadores, si más o menos competencias, si más o menos recursos.
Es evidente que una organización efectiva ayuda a resolver los problemas. Pero también lo es que con eso no basta.
Un primer punto, sin duda, es el que los planes de reforma sean objeto de una deliberación mayor. No es suficiente con que los proyectos de reforma se discutan en el parlamento o en el ejecutivo. Se requiere una participación más activa de las distintas instituciones -civiles y políticas-.
Un segundo punto, es el de la coherencia. Las reformas institucionales se realizan sin considerar sus efecto en otras instituciones. Y ello, como es de esperarse, genera en el corto o mediano plazo conflictos como los que hace poco hemos visto entre el Tribunal Constitucional y el Jurado Nacional de Elecciones, o entre el gobierno y los concejos provinciales.
Una reforma seria del Estado exige por ello algo más que recursos y cemento. Requiere creatividad, inteligencia, pero sobretodo sensibilidad social para pensar -más temprano que tarde- en la suerte de sus usuarios.




2 deja un comentario:
¿porqué son tan serios?
Tiene mucha razón anónimo de las 14:53. En la medida de lo posible trataremos de dejar atrás este -innecesario- hermetismo.
Abrazo, y gracias por la pregunta.
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